Sin blanca en Paris y Londres
Sin blanca en Paris y Londres Después de mi primera semana en el hotel siempre pasaba el rato de descanso durmiendo, o, si tenía dinero, en un bistro. Salvo un par de camareros ambiciosos que asistían a clases de inglés, todo el personal malgastaba así sus ratos de ocio; después de pasarte la mañana trabajando estabas demasiado perezoso para hacer nada mejor. A veces se juntaban media docena de plongeurs para ir a un burdel abominable en la rue de Sieyès, donde solo cobraban cinco francos y veinticinco céntimos, diez peniques y medio. Lo llamaban le prix fixe, y narraban sus vivencias allí como si fuesen una gran diversión. Era uno de los sitios favoritos de los trabajadores del hotel. El salario de los plongeurs no alcanzaba para casarse y, después de tanto trabajar, no se tienen demasiados escrúpulos.