Sin blanca en Paris y Londres
Sin blanca en Paris y Londres Contrató a unos obreros y terminó las reformas a toda prisa y de forma muy chapucera. Por ejemplo, las mesas tenían que ir cubiertas de hule, pero, cuando se enteró de lo caro que era, compró unas mantas del ejército con un insoportable olor a sudor. Ya las taparían los manteles (de cuadros, para combinar con la decoración «normanda»). La última noche estuvimos trabajando hasta las dos de la madrugada para que todo estuviera dispuesto. La vajilla llegó a las ocho y, como era nueva, hubo que fregarla. Los cubiertos no llegaron hasta la mañana siguiente y los trapos y los manteles tampoco, así que tuvimos que secar los platos con una camisa del patron y una vieja funda de almohada del portero. Boris y yo hicimos todo el trabajo, Jules se escondió y el patron y su mujer se sentaron a la mesa con un acreedor y unos amigos rusos a brindar por el restaurante. La cocinera estaba en la cocina llorando con la cabeza sobre la mesa porque tenía que cocinar para cincuenta personas, y solo había cazuelas y sartenes para diez. A medianoche se produjo una espantosa discusión con unos acreedores que querían llevarse ocho cazuelas de cobre que el patron había comprado a crédito. Los sobornó con media botella de brandy.