Sin blanca en Paris y Londres
Sin blanca en Paris y Londres Estábamos tan escasos de ollas que tenía que lavarlas en cuanto la cocinera terminaba de guisar un plato, en lugar de dejarlas hasta la noche. Solamente en eso malgastaba una hora de trabajo.
Tanto habían ajustado los gastos al hacer las reformas que a las ocho casi siempre se fundía la luz de la cocina. El patron únicamente nos dejaba tener tres velas en la cocina, y la cocinera decía que tres traían mala suerte, así que usábamos dos.