Sin blanca en Paris y Londres
Sin blanca en Paris y Londres Enseguida nos instalamos en una rutina que hacía que el trabajo en el Hôtel X. pareciera unas vacaciones. Todas las mañanas a las seis me obligaba a levantarme de la cama, no me afeitaba y solo me lavaba a veces, corría hasta la Place d’Italie y me peleaba por subir al metro. A las siete me encontraba ya en la desolación de la fría y sucia cocina, con las mondaduras de patata, los huesos y las espinas de pescado tiradas por el suelo, y una pila de platos, pegados por la grasa, que llevaban esperándome toda la noche. No podía empezar a fregar los platos, porque el agua estaba fría y tenía que ir a comprar leche y hacer el café, pues el resto del personal llegaba a las ocho y contaba con que estuviera listo. Además, siempre había varias cazuelas de cobre que limpiar. Esas cazuelas de cobre son la pesadilla del plongeur. Hay que restregarlas con arena y estropajo diez minutos cada una y luego sacarles brillo por fuera con pulimento Brasso. Por suerte, el arte de su fabricación se está perdiendo y han ido desapareciendo de las cocinas francesas, aunque todavía se encuentran de segunda mano.