Sin blanca en Paris y Londres
Sin blanca en Paris y Londres Cuando empezaba a fregar los platos, la cocinera me pedía que pelara unas cebollas, y, cuando me ponía con las cebollas, el patrón llegaba y me enviaba a comprar coles. Cuando volvía con las coles la mujer del patron me pedía que fuese a una tienda a media milla de distancia a comprarle un bote de colorete; cuando regresaba, había más verduras esperándome y los platos seguían sin fregar. De ese modo, por culpa de nuestra incompetencia, el trabajo se iba acumulando a lo largo del día y siempre íbamos con retraso.