Sin blanca en Paris y Londres
Sin blanca en Paris y Londres Vale la pena decir unas palabras sobre la condición social de los mendigos, pues cuando te relacionas con ellos y descubres que son personas normales, resulta imposible no sorprenderse por la actitud que adopta ante ellos la sociedad. La gente parece tener la sensación de que hay una diferencia esencial entre los mendigos y los trabajadores «normales». Son una raza aparte, marginados como los criminales y las prostitutas. Los trabajadores «trabajan», los mendigos no; son parásitos, seres inferiores por naturaleza. Se da por sentado que un mendigo no se gana la vida, como puedan hacerlo un albañil o un crítico literario. Es una simple excrecencia social, tolerada, porque vivimos en una era compasiva, pero en esencia despreciable.