Sin blanca en Paris y Londres
Sin blanca en Paris y Londres Sin embargo, si se mira de cerca, se ve que no hay una diferencia esencial entre la forma de ganarse la vida de los mendigos y la de mucha gente respetable. Se dice que los mendigos no trabajan; pero ¿qué es trabajar? Un peón trabaja blandiendo un pico. Un contable sumando cifras. El mendigo trabaja pasando el día al aire libre haga el tiempo que haga, padeciendo varices, bronquitis crónica, etc. Es un oficio como cualquier otro; bastante inútil, desde luego, pero muchos oficios respetables también lo son. Y, como tipo social, el mendigo resiste la comparación con muchos otros. Es más honrado que los vendedores de la mayoría de los remedios medicinales, más noble que cualquier propietario de periódico dominical y más amable que un prestamista; en suma, es un parásito, pero bastante inofensivo. Rara vez saca de la sociedad más que lo suficiente para vivir y lo paga con creces con su sufrimiento, y eso debería bastar para justificarlo desde el punto de vista de nuestra ética. No creo que haya nada que permita incluir a los mendigos en una clase distinta a la de las demás personas, ni que otorgue a la mayoría de los hombres modernos el derecho de despreciarlos.