Sin blanca en Paris y Londres
Sin blanca en Paris y Londres La escena me interesó por lo distinta que fue del comportamiento habitual de los vagabundos y la vil gratitud con que por lo general aceptan la caridad. La explicación, claro, era que aventajábamos en número a la congregación y por eso no les temÃamos. Quien recibe alguna caridad odia casi siempre a su benefactor; es una caracterÃstica inamovible de la naturaleza humana, y cuando tiene a cincuenta o cien personas que lo respaldan, lo demuestra.
Por la noche, después del té gratis, Paddy ganó inesperadamente otros dieciocho peniques trabajando de gorrilla. Era justo lo que necesitábamos para pagarnos otra noche en la pensión, asà que lo guardamos y pasamos hambre hasta las nueve de la noche siguiente. Bozo, que podrÃa habernos dado comida, estuvo fuera todo el dÃa. Las aceras estaban mojadas y habÃa ido a Elephant and Castle, donde conocÃa un sitio debajo de una marquesina. Por suerte me quedaba un poco de tabaco, asà que el dÃa podÃa haber sido peor.