Sin blanca en Paris y Londres
Sin blanca en Paris y Londres la envió muy joven a su lecho solitario
un seductor cruel, malo y desalmado.
Así que, ya veis, hagáis lo que hagáis,
el precio del pecado es el sufrimiento.
¡Ay, desdichada Bella!
Al meterla en la tumba,
los hombres dijeron: «¡Ay, así es la vida!»,
pero las mujeres cantaron en voz dulce y baja:
«¡Todos los hombres son igual de cabrones!».
Es probable que la escribiera una mujer.
William y Fred, los intérpretes de la canción, eran un par de sinvergüenzas, de los que dan mala fama a los vagabundos. Se enteraron de que el vagabundo mayor de Cromley tenía ropa usada para repartirla entre los transeúntes necesitados. Antes de entrar, los dos se quitaron las botas, cortaron las costuras y se agujerearon las suelas. Luego pidieron unas botas, y el vagabundo mayor, al ver el mal estado en que estaban las suyas, les dio dos pares casi nuevos. A la mañana siguiente, apenas salir del albergue, William y Fred las vendieron por un chelín y nueve peniques. Al parecer, pensaron que por ese dinero valía la pena estropear sus botas.