Sin blanca en Paris y Londres
Sin blanca en Paris y Londres »Ah, mais, mon ami, ¡son los altibajos de la vida! Capitán en el ejército ruso, y luego, puf, vino la Revolución y me quedé sin un penique. En 1916 me alojé una semana en el Hôtel Édouard Sept; en 1920 trabajé en él como vigilante nocturno. He sido vigilante nocturno, bodeguero, barrendero, friegaplatos, mozo de cuerda, encargado de unos urinarios públicos. He dado propinas a los camareros y también las he recibido de ellos.
»¡Ah!, pero he sabido lo que es vivir como un caballero, mon ami. No quiero fanfarronear, pero el otro día intenté calcular cuántas amantes había tenido en mi vida, y me salían más de doscientas. Sí, como mínimo doscientas… Bueno, ça reviendra. El que resiste gana. ¡Valor!», etc., etc.
Boris era de ánimo raro y antojadizo. Siempre había querido volver al ejército, pero llevaba tanto tiempo trabajando de camarero que parecía un camarero. Aunque nunca había conseguido ahorrar más de unos pocos miles de francos, estaba convencido de que al final podría abrir su propio restaurante y se haría rico. Luego descubrí que todos los camareros dicen y piensan lo mismo; es lo que les reconcilia con su profesión. Boris contaba cosas interesantes sobre la vida en el hotel.