Sin blanca en Paris y Londres

Sin blanca en Paris y Londres

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Me caía bien Boris, y pasamos juntos ratos muy interesantes, jugando al ajedrez y hablando de la guerra y los hoteles. Boris a menudo me sugería que me hiciese camarero. «Te gustaría —decía—, cuando se tiene trabajo, se ganan cien francos al día y se tiene una amante guapa, no se vive tan mal. Dices que lo tuyo es escribir. Pero eso es una tontería. Solo hay una forma de ganar dinero escribiendo: casarse con la hija de un editor. Si te afeitases el bigote, serías un buen camarero. Eres alto y hablas inglés, es lo más importante para un camarero. Espera hasta que pueda doblar esta puñetera pierna, mon ami. Y luego, si alguna vez te quedas sin trabajo, ven a verme».

Ahora que no tenía para pagar el alquiler y que empezaba a pasar hambre, recordé la promesa de Boris, y decidí ir a verlo cuanto antes. No contaba con que me contrataran como camarero con tanta facilidad como me había dicho, pero por supuesto sabía fregar platos y sin duda podría conseguirme un empleo en la cocina. Me había dicho que en verano era muy sencillo encontrar trabajo de friegaplatos. Fue un gran alivio recordar que, después de todo, me quedaba un amigo influyente a quien recurrir.




👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker