Sin blanca en Paris y Londres
Sin blanca en Paris y Londres No creí necesario preguntarle si aún conservaba su trabajo en el Hôtel Scribe. Corrí escaleras abajo y compré una barra de pan. Boris se abalanzó sobre ella y devoró la mitad, luego se sintió un poco mejor, se sentó en la cama y me contó lo sucedido. Al salir del hospital, había perdido su empleo porque todavía cojeaba mucho; había gastado su dinero; empeñado todo lo que tenía y llevaba varios días sin comer. Había dormido una semana en un embarcadero debajo del Pont d’Austerlitz entre unas barricas de vino vacías. Los últimos quince días había vivido en esa habitación con un mecánico judío. Por lo visto (la explicación era enrevesada), el judío le debía trescientos francos y se los estaba devolviendo dejándole dormir en el suelo y dándole dos francos al día para comprar comida. Con dos francos se pueden comprar un café y dos bollos. El judío se marchaba a trabajar a las siete de la mañana, y entonces Boris se levantaba del suelo (justo debajo del tragaluz, que dejaba pasar el agua) y se metía en la cama. No podía dormir mucho por culpa de las chinches, pero al menos era un descanso para su espalda.
Acudir a Boris en busca de ayuda y encontrarlo incluso en peor situación que la mía fue una gran decepción. Le expliqué que no me quedaban más que unos sesenta francos y que necesitaba encontrar trabajo cuanto antes. Para entonces Boris se había comido lo que quedaba de la barra de pan y volvía a estar alegre y locuaz.