Sin blanca en Paris y Londres
Sin blanca en Paris y Londres —Dios mÃo, ¿a qué vienen tantas preocupaciones? Sesenta francos… pero ¡si es una fortuna! Por favor, dame ese zapato, mon ami. Como se acerquen más esas chinches, las aplasto.
—Pero ¿tú crees que hay alguna posibilidad de encontrar trabajo?
—¿Posibilidad? Es una certeza. De hecho, ya lo tengo. Están a punto de abrir un nuevo restaurante ruso en la rue du Commerce. Es une chose entendue que yo seré el maître d’hôtel. Puedo conseguirte un trabajo en la cocina. Cincuenta francos al mes, más la comida… y las propinas, si tienes suerte.
—¿Y mientras tanto? Mi alquiler vence dentro de poco.
—¡Oh, ya encontraremos algo! Guardo un par de ases en la manga. Hay gente que me debe dinero, por ejemplo… ParÃs está lleno. Uno de ellos me va a pagar enseguida. ¡Y piensa en todas mis amantes! Una mujer nunca olvida, ya sabes… No tengo más que pedÃrselo y me ayudarán. Además, el judÃo me ha contado que va a robar unas magnetos del garaje donde trabaja, y nos pagará cinco francos al dÃa por limpiarlas antes de venderlas. Solo con eso será suficiente. No te preocupes, mon ami. No hay nada más fácil que conseguir dinero.
—Bueno, pues vayamos a buscar empleo.