Sin blanca en Paris y Londres
Sin blanca en Paris y Londres Al llegar a mi habitación gastamos otro franco cincuenta en pan y chocolate. Boris devoró su parte y se animó como por arte de magia; la comida actuaba en él tan rápido como un cóctel. Sacó un lápiz y empezó a escribir una lista de personas dispuestas a darnos trabajo. Según dijo, eran decenas.
«Mañana encontraremos algo, mon ami, lo noto en la médula de los huesos. La suerte siempre cambia. Además, los dos somos listos… un hombre inteligente nunca pasa hambre.
»¡La de cosas que puede hacer un hombre con cerebro! Con cerebro se saca dinero de cualquier cosa. Una vez conocí a un tipo, un polaco, que era un auténtico genio; ¿sabes lo que hacía? Compraba un anillo de oro y lo empeñaba por quince francos. Luego, ya sabes con qué cuidado cumplimentan el recibo los empleados, donde habían escrito “en or”, él añadía: “et diamants” y cambiaba “quince francos” por “quince mil”. Ingenioso, ¿eh? Luego, pedía prestados mil francos y entregaba el recibo como garantía. A eso le llamo yo tener cerebro…».