Sin blanca en Paris y Londres

Sin blanca en Paris y Londres

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Era una cesta enorme llena de patatas. La agarré y comprobé que no solo no podía levantarla, sino que ni siquiera podía moverla. El hombre del hongo me miró, se encogió de hombros y se fue. Yo hice ademán de marcharme. Cuando me había alejado un poco, volví la vista y vi nada menos que a cuatro hombres que subían la cesta a un carro. Debía de pesar tres quintales. El hombre había visto que no valía para el empleo y había recurrido a ese truco para librarse de mí.

A veces, en sus momentos más esperanzados, Boris gastaba cincuenta céntimos en un sello y escribía a alguna de sus ex amantes pidiéndole dinero. Solo una respondió. Era una mujer que, además de haber sido su amante, le debía doscientos francos. Cuando Boris vio la carta esperando y reconoció la letra, se volvió loco de esperanza. Recogimos la carta y corrimos a leerla en la habitación de Boris, como unos niños que hubiesen robado unos caramelos. Boris leyó la carta, y luego me la entregó en silencio. Decía así:

Mi querido lobito:

Cuánto me alegró abrir el otro día tu encantadora carta, que me recordó los días de nuestro amor, y los besos que recibí de tus labios. Unos recuerdos que perdurarán para siempre en mi corazón, como el perfume de una flor muerta.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker