Sin blanca en Paris y Londres
Sin blanca en Paris y Londres Esos dÃas Boris decÃa estar demasiado enfermo para ir a buscar trabajo. Se quedaba tumbado hasta la noche tapado con las sábanas grises y llenas de bichos, fumando y leyendo periódicos atrasados. A veces jugábamos al ajedrez. No tenÃamos tablero, pero apuntábamos las jugadas en un papel, y luego fabricamos un tablero con el lado de una caja y las piezas con botones, monedas belgas y cosas por el estilo. A Boris, como a muchos rusos, le apasionaba el ajedrez. DecÃa que las reglas del ajedrez son las mismas que rigen el amor y la guerra, y que, si se te daba bien, se te daban bien las otras dos cosas. Aunque también decÃa que, si tienes un tablero de ajedrez, da igual pasar hambre, y desde luego en mi caso no era cierto.