Sin blanca en Paris y Londres
Sin blanca en Paris y Londres —¡Ese sucio ladrón se los ha llevado! ¡Se los ha llevado!
—¿Quién se ha llevado qué? —le pregunté.
—¡El judÃo! Ese perro se ha llevado mis dos francos, ¡ladrón! ¡Me ha robado mientras dormÃa!
Resultó que la noche anterior el judÃo se habÃa negado sin más a pagarle los dos francos diarios. HabÃan discutido un buen rato y al final el judÃo habÃa consentido en entregarle el dinero; lo habÃa hecho, afirmó Boris, de manera muy ofensiva, con un pequeño discurso en el que subrayó lo bondadoso que era y le exigÃa que le mostrase una gratitud humillante. Luego, por la mañana, le habÃa robado el dinero antes de que Boris despertase.
Fue un golpe. Me llevé una enorme decepción, pues habÃa permitido a mi estómago contar con que iba a comer algo, un grave error cuando se tiene hambre. No obstante, para mi sorpresa, Boris no perdió la esperanza. Se sentó en la cama, encendió la pipa y repasó la situación.