Sin blanca en Paris y Londres
Sin blanca en Paris y Londres —Escucha, mon ami, estamos en un aprieto. Entre los dos tenemos solo veinticinco céntimos, y no creo que el judÃo vuelva a pagarme los dos francos. En cualquier caso, su comportamiento se está volviendo intolerable. ¿Creerás que la otra noche tuvo la indecencia de traer una mujer, mientras yo estaba en el suelo? Y tengo algo peor que contarte. Está pensando en largarse. Debe una semana de alquiler y su plan es no pagar y darme esquinazo al mismo tiempo. Si el judÃo se larga me quedaré sin techo y el patron requisará mi maleta a cambio del alquiler, ¡maldito sea! Tenemos que actuar deprisa.
—De acuerdo. Pero ¿qué podemos hacer? Lo único que se me ocurre es empeñar los abrigos y comprar comida.
—Lo haremos, claro, pero antes tengo que sacar mis cosas de la casa. ¡Pensar en que alguien pueda quedarse con mis fotografÃas! En fin, lo tengo todo planeado. Voy a adelantarme al judÃo y largarme yo antes. Foutre le camp, tomar las de Villadiego, ya me entiendes. Creo que es lo mejor, ¿no te parece?
—Pero, mi querido Boris, ¿cómo vas a hacerlo a plena luz del dÃa? Te pillarán.