Sin blanca en Paris y Londres
Sin blanca en Paris y Londres —Bueno, claro, habrá que pensar en una estrategia. Nuestro patron vigila para que nadie se marche sin pagar; ya le ha ocurrido antes. Su mujer y él se turnan para montar guardia en la recepción, ¡qué miserables son estos franceses! Pero se me ha ocurrido una forma de hacerlo, si tú me ayudas.
No me sentÃa con muchos ánimos de ayudar a nadie, pero le pregunté a Boris en qué consistÃa su plan. Me lo explicó hasta el último detalle.
—Verás. Empezaremos por empeñar los abrigos. Antes de nada, ve a tu habitación y trae tu abrigo, luego vuelve aquà a por el mÃo y sácalo escondido debajo del tuyo. Llévalos a la casa de empeños de la rue des Francs Bourgeois. Con un poco de suerte, deberÃan darte veinte francos por los dos. Luego ve a la orilla del Sena y llénate de piedras los bolsillos, tráelas y mételas en la maleta. ¿Vas entendiendo la idea? Envolveré todo lo que pueda en un periódico, bajaré y le preguntaré al patron dónde está la lavanderÃa más próxima. Se lo preguntaré con mucho descaro, como si tal cosa, ya me entiendes, el patron pensará que en el fardo solo llevo la ropa sucia. O, si sospecha algo, hará lo mismo que hace siempre ese miserable: subirá a mi cuarto y comprobará el peso de la maleta. Y, cuando note el peso de las piedras, pensará que sigue llena. No está mal mi estrategia, ¿eh? Luego, volveré y me llevaré lo que falte en los bolsillos.