Sin blanca en Paris y Londres
Sin blanca en Paris y Londres Uno de los pasadizos se bifurcó hasta la lavanderÃa donde una anciana con cara de muerta me dio un delantal azul y una pila de trapos de cocina. Luego, el chef du personnel me acompañó a una minúscula madriguera subterránea —una especie de sótano debajo del sótano— donde habÃa un fregadero y varios hornos de gas. Era de techo muy bajo y no se podÃa estar de pie, y la temperatura debÃa de rondar los 43 grados. El chef du personnel me explicó que mi trabajo consistÃa en llevar la comida a los otros empleados del hotel, que almorzaban en un pequeño comedor que habÃa más arriba, limpiar el comedor y lavar los platos. Cuando se marchó, un camarero, otro italiano, asomó la cabeza rizada y me miró con desprecio.
—Inglés, ¿eh? —me espetó—. Bueno, aquà mando yo. Si trabajas bien… —Hizo ademán de alzar una botella y tragar ruidosamente—. Si no… —Pateó con fuerza el quicio de la puerta—. Tardaré menos en retorcerte el cuello que en escupir en el suelo. Y, si pasa algo, me creerán a mà y no a ti. ¡Asà que ya puedes ir con cuidado!