Sin blanca en Paris y Londres
Sin blanca en Paris y Londres —¿Has visto eso? Asà son los plongeurs que nos mandan ahora. ¿De dónde eres, idiota? De Charenton, ¿no? (En Charenton hay un enorme manicomio).
—De Inglaterra —respondÃ.
—DeberÃa haberlo imaginado. Bueno, mon cher monsieur l’Anglais, ¿puedo informarle de que es usted un hijo de puta? Y ahora fous-moi le camp a la otra mesa que es donde tienes que estar.
Cada vez que fui a la cocina me recibieron de forma parecida porque siempre cometà algún error; como se suponÃa que debÃa conocer el trabajo todos me insultaban. Por curiosidad, conté el número de veces que me llamaron maquereau ese dÃa, y fueron treinta y nueve.
A las cuatro y media, el italiano me dijo que podÃa dejar de trabajar, pero que no valÃa la pena salir porque volverÃamos a empezar a las cinco. Fui a los lavabos a fumar; estaba terminantemente prohibido y Boris me habÃa advertido que el único sitio seguro eran los lavabos. Después volvà a trabajar hasta las nueve y cuarto, cuando el camarero asomó la cabeza por la puerta y me dijo que dejara los platos que quedaban. Para mi sorpresa, después de llamarme cerdo, besugo, etc., todo el dÃa, de pronto se habÃa vuelto muy amable. Comprendà que los insultos habÃan sido solo para ponerme a prueba.