Sin blanca en Paris y Londres
Sin blanca en Paris y Londres «Si quiere un trabajo permanente, se lo daremos —dijo—. El camarero dice que le gustarÃa insultar a un inglés. ¿Está dispuesto a firmar un contrato por un mes?».
Por fin tenÃa ante mà un empleo, y estaba dispuesto a aprovecharlo. Entonces me acordé del restaurante ruso que iba a abrir al cabo de quince dÃas. No me pareció justo comprometerme por un mes y luego marcharme a la mitad. Le dije que tenÃa otro trabajo en perspectiva, ¿no podrÃan contratarme por quince dÃas? Tras escucharme, el chef du personnel se encogió de hombros y respondió que el hotel contrataba solo por meses. Era evidente que habÃa desperdiciado mi oportunidad de tener un empleo.
Boris, tal como habÃamos convenido, me esperaba en la Arcade de la rue de Rivoli. Cuando le conté lo sucedido se puso furioso. Por primera vez desde que lo conocÃ, olvidó sus modales y me llamó imbécil.
—¡Idiota! ¡Pedazo de idiota! ¿Para eso te busco un trabajo? ¿Para que lo eches a perder justo después? ¿Cómo has podido ser tan estúpido de decirles lo del otro restaurante? Lo único que tenÃas que hacer era comprometerte a trabajar por un mes.
—Me pareció más honrado advertirles de que tal vez tendrÃa que marcharme —objeté.