Subir a por aire
Subir a por aire Pero no estábamos nada seguros de conseguirlo. Éste era el temor que nos ponÃa en un estado febril. Si el sargento, o cualquier oficial, nos descubrÃa, nos arrestarÃan. Y lo peor de todo era que no sabÃamos cuánto tiempo Ãbamos a quedarnos en el pueblo. PodÃa ser que nos quedásemos una semana o que nos marchásemos al cabo de un par de horas. Y entretanto, no tenÃamos aparejos de ninguna clase, ni siquiera un alfiler o un trozo de cordel. TenÃamos que partir de cero. ¡Y mientras, el estanque lleno de peces!
Lo primero era fabricar una caña. Una vara de sauce serÃa lo mejor, pero allà no habÃa un sauce en todo lo que alcanzaba la vista. Nobby se subió a un álamo y cortó una rama fina, que no era lo ideal pero era mejor que nada. La pulió con su navaja hasta convertirla en algo parecido a una caña de pescar, y después la escondimos cerca de la orilla, entre las hierbas, y conseguimos volver al pueblo sin ser vistos.