Subir a por aire
Subir a por aire Después de comer, el sargento vino por el granero buscando hombres para una faena. Conseguimos esquivarle por poco, escondiéndonos bajo un montón de heno. Cuando se fue, encendimos una vela, pusimos la aguja al rojo vivo y conseguimos doblarla en forma de anzuelo. No teníamos otra herramienta que nuestras navajas, y nos quemamos varias veces. Faltaba el sedal. Nadie tenía ningún cordel lo bastante fino, pero al final dimos con un tipo que tenía un carrete de hilo de coser. No quería desprenderse de él, y tuvimos que darle a cambio un paquete entero de cigarrillos. El hilo era demasiado fino, pero Nobby lo dividió en tres partes, las ató a un clavo de la pared y las trenzó cuidadosamente. Entretanto, después de buscar por todo el pueblo, yo conseguí encontrar un tapón de corcho; lo corté por la mitad y lo atravesé con una cerilla para convertirlo en un flotador. Por entonces, ya estaba avanzada la tarde y estaba a punto de oscurecer.