Subir a por aire
Subir a por aire Ya teníamos lo esencial, pero no nos habría ido mal un poco de tripa. No teníamos idea de cómo conseguirla, hasta que pensamos en el asistente del hospital. El catgut no formaba parte de su equipo, pero era posible que tuviese un poco por casualidad. Cuando se lo preguntamos, resultó que tenía una madeja entera en la mochila; se había encaprichado de ella en no sé qué hospital y la había cogido. Cambiamos otro paquete de cigarrillos por diez trozos de catgut. Era muy quebradizo, y cada trozo medía quince centímetros. Por la noche, Nobby los puso en remojo hasta que se volvieron flexibles y los ató uno a otro. Ya lo teníamos todo: anzuelo, caña, sedal, flotador y tripa. Los gusanos podíamos encontrarlos en cualquier parte. ¡Y el estanque estaba lleno de peces! ¡Enormes peces rayados que pedían a gritos que fuese alguien a pescarlos! Nos acostamos tan excitados que ni siquiera nos quitamos las botas. ¡Mañana! ¡Si fuese ya mañana! ¡Si la guerra se olvidase de nosotros sólo por un día! Habíamos decidido largarnos inmediatamente después de pasar lista y pasarnos todo el día pescando, aunque al volver nos cayesen trabajos forzados.