Subir a por aire

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No quiero contar la historia de mi relación con Elsie Waters, aun suponiendo que hubiese alguna historia que contar. Hablo de ella simplemente porque ella formó parte del ambiente, parte del «antes de la guerra». Antes de la guerra era siempre verano; una ilusión, como he señalado antes, pero así es como yo lo recuerdo: la blanca y polvorienta carretera entre los castaños, el olor de los alhelíes, los estanques verdes bajo los sauces, el rumor del agua en la presa… Esto es lo que yo veo cuando cierro los ojos y pienso en «antes de la guerra». Y, hacia el final de esa época, Elsie Waters forma parte de mis recuerdos.

No sé si hoy en día Elsie sería considerada bonita. Entonces lo era. Era alta para ser chica, tan alta como yo. Su cabello era de color dorado pálido, pesado, y lo llevaba trenzado y recogido en un moño. Tenía un rostro amable, delicado. Era una de esas chicas a las que sienta mejor el negro que cualquier otro color, especialmente los vestidos de forma muy sencilla, como los que les hacían llevar en la tienda de ropa donde trabajaba, Lilywhite’s. Elsie era de Londres. Creo que tenía dos años más que yo.




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