Subir a por aire
Subir a por aire La enterramos al lado de mi padre. Aquélla fue mi última visita a Lower Binfield. En sólo tres años, el pueblo había cambiado mucho. Algunas de las tiendas habían cerrado, otras tenían nombres diferentes. Casi todos los jóvenes que yo había conocido de niños se habían ido, y algunos habían muerto. Sid Lovegrove había muerto, en el Somme. Ginger Watson, el mozo de granja que había pertenecido a la Mano Negra años atrás, el que sabía coger conejos con las manos, había muerto en Egipto. Uno de los muchachos que habían trabajado conmigo en la tienda de Grimmett había perdido las dos piernas. El viejo Lovegrove había cerrado la tienda y vivía en una casita de campo, cerca de Walton, de una pequeña pensión. Al viejo Grimmettt, en cambio, le iban muy bien las cosas con la guerra. Se había vuelto patriota y era miembro del comité local que juzgaba a los objetores de conciencia. Pero lo que contribuía más que nada a dar al pueblo un aspecto vacío y abandonado era el hecho de que prácticamente no quedaban caballos. Todos los que valían algo habían sido requisados hacía tiempo. La calesa de la estación existía aún, pero el jamelgo que tiraba de ella no habría podido ni tenerse en pie de no ser por las limoneras. Antes del entierro, paseé por el pueblo durante una hora, saludando a la gente y exhibiendo mi uniforme. Afortunadamente, no me encontré con Elsie. Vi todos los cambios que se habían producido, pero fue como si no los viese. Mi pensamiento estaba ocupado en otras cosas, sobre todo en la satisfacción de que me viesen con mi uniforme de segunda mano, con el brazalete negro (que quedaba muy bien sobre el caqui) y mis pantalones nuevos de gabardina. Me acuerdo claramente de que pensaba aún en los pantalones junto a la sepultura de mi madre. Cuando los asistentes echaron tierra sobre el ataúd, pensé súbitamente lo que significaría para ella estar metida allí con dos metros de tierra encima, y sentí que algo me temblaba entre los ojos y la nariz, pero incluso en aquel momento los pantalones de gabardina no estaban del todo fuera de mi pensamiento.