Subir a por aire
Subir a por aire Una vez al mes, me mandaban un enorme formulario oficial pidiéndome que diese cuenta del número y estado de las piquetas, herramientas para atrincheramiento, carretes de alambre de espino, mantas, botiquines, tablas de hierro ondulado y latas de mermelada de ciruela y de manzana que estaban bajo mi custodia. Yo ponía un cero después de cada pregunta y devolvía el formulario. Nunca pasaba nada. Allá en Londres, alguien archivaba tranquilamente los formularios, enviaba otros y los archivaba cuando se recibían, y así sucesivamente. Las cosas funcionaban así. Las misteriosas autoridades que dirigían la guerra habían olvidado mi existencia. Yo no les refresqué la memoria. Me encontraba en uno de aquellos remansos que les decía antes, y después de dos años en Francia, no me sentía tan lleno de patriotismo como para querer salir de él.