Subir a por aire
Subir a por aire Asà que Hilda y yo nos casamos, y ya desde el principio fue un fracaso. ¿Por qué se casó con ella?, dirán ustedes. Pero ¿por qué se casaron ustedes? Son cosas que pasan. No sé si querrán creer que durante los dos o tres primeros años pensé seriamente en matar a Hilda. Claro que, en la práctica, estas cosas nunca se hacen; son sólo una fantasÃa que uno se complace en acariciar. Además, los tipos que matan a sus mujeres siempre son descubiertos. Por más hábilmente que uno prepare su coartada, saben perfectamente que ha sido él, y le cogen de una manera o de otra. Cuando una mujer es asesinada, el marido es siempre el primer sospechoso. Esto da una idea de lo que la gente realmente piensa del matrimonio.