Subir a por aire
Subir a por aire Es curioso lo rápidamente que uno se adapta a las cosas. Debían de haber pasado cinco minutos desde que me detuve en lo alto de la colina, un poco emocionado por la idea de volver a ver Lower Binfield, y ya me había hecho a la idea de que Lower Binfield había sido engullido y enterrado como las ciudades perdidas de Perú. Me armé de valor y afronté la situación. Después de todo, ¿qué otra cosa se podía esperar? Las ciudades tienen que crecer, la gente tiene que vivir en alguna parte. Además, el antiguo pueblo no había sido aniquilado. En alguna parte u otra, todavía existía, aunque estuviese rodeado de casas en lugar de campos. Dentro de unos minutos volvería a verlo, con la iglesia, la chimenea de la fábrica, el escaparate de la tienda de padre y el abrevadero de la plaza. Bajé hasta el pie de la colina, donde la carretera se bifurca, y tomé el desvío de la derecha. Al cabo de un minuto ya me había perdido.