Subir a por aire

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La memoria no me había jugado ninguna mala pasada. Ahora recordaba cada palmo de aquella calle. Otros doscientos metros y estaría en la plaza. Nuestra antigua tienda estaba hacia el otro extremo de la calle. Iría allí después de comer (pensaba alojarme en el George). A cada paso había un recuerdo. Recordaba todas las tiendas, aunque todos los nombres habían cambiado y la mercancía que vendían era también otra en la mayoría de los casos. ¡Allí estaba la tienda de Lovegrove! ¡Y allá la de Todd! Y más allá otra grande y oscura con vigas y buhardillas, la que había sido Lilywhite’s, la tienda de ropa donde trabajaba Elsie. ¡Y la de Grimmett! En ella se vendían todavía comestibles. Y de un momento a otro podría ver el abrevadero de la plaza. Tenía otro coche delante que me impedía verlo desde lejos.

Al entrar en la plaza, torcí a un lado. El abrevadero ya no estaba. En su lugar estaba un hombre de la Asociación de Automovilismo en funciones de agente de tráfico, que miró mi coche, vio que no llevaba el distintivo de la Asociación y decidió que no hacía falta saludarme.





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