Subir a por aire
Subir a por aire —¿Desea una habitación? Muy bien, señor. ¿Su nombre, por favor?
Vacilé unos instantes antes de responder. Aparte de todas mis decepciones, aquél era mi gran momento. Estaba seguro de que la chica conocerÃa mi nombre. No es un apellido común, y hay muchos miembros de mi familia enterrados junto a la iglesia. Éramos una de las viejas familias del pueblo, los Bowling de Lower Binfield. Y aunque por una parte es molesto ser reconocido, yo lo habÃa estado deseando.
—Bowling —dije claramente— George Bowling.
—Bowling. B, o, a… ¿Ah, no? B, o, w; sÃ, señor. ¿Viene de Londres, señor?
Nada. Ninguna reacción. Nunca habÃa oÃdo hablar de mÃ. Nunca habÃa oÃdo hablar de George Bowling, hijo de Samuel Bowling. De Samuel Bowling, que se habÃa tomado su quinto de cerveza en aquel bar, cada sábado, durante más de veinte años.