Subir a por aire
Subir a por aire —¿Hace mucho que vive usted en Lower Binfield?
Ella se sobresaltó, puso cara de sorpresa y no respondió. Volvà a intentarlo.
—Yo habÃa vivido aquÃ, hace mucho tiempo.
De nuevo no hubo respuesta, o sólo algo que no oà bien. Me dirigió una mirada helada y se puso otra vez a mirar a la calle. Me di cuenta de lo que pasaba. Era demasiado fina para entablar conversación con los clientes. Además, debÃa de pensar que estaba tratando de ligar con ella. ¿De qué servirÃa decirle que yo habÃa nacido en aquella casa? Aunque se lo creyese, no le interesarÃa. Ella nunca habÃa oÃdo hablar de Samuel Bowling, vendedor de granos y semillas. Pagué y me fui.
Paseando, me encaminé a la iglesia. Una cosa que en parte temÃa y en parte deseaba era ser reconocido. Pero no habÃa peligro: no vi por las calles ni una sola cara conocida. ParecÃa como si la ciudad entera hubiese cambiado de población.