Subir a por aire
Subir a por aire Recordé cómo me intrigaban de niño las S. Me preguntaba si en aquellos tiempos pronunciarían aquella S como F, y si era así, por qué.
Oí pasos detrás de mí y levanté la mirada. A mi lado estaba un hombre con sotana. Era el vicario.
Era el vicario, el que yo había conocido siendo muchacho, el viejo Betterton. No podía decir que le recordase desde mi más tierna infancia, pero había sido vicario desde 1904 o algo así. Le reconocí en seguida, aunque tenía el pelo completamente blanco.