Subir a por aire
Subir a por aire Yo sà lo sabÃa. Hay que acostumbrar a los niños a la idea de la guerra. Hay que dar a todo el mundo la impresión de que no hay escapatoria, de que los bombarderos vendrán a la cita sin falta, asà que a bajar al sótano todos y nada de hacer preguntas. Dos de los grandes aviones negros de Walton volaban por encima de la zona este de la ciudad. ¡Madre mÃa, pensé, cuando la cosa empiece no nos sorprenderá más que si se pusiese a llover! Todos estamos ya esperando la primera bomba. El barbero me dijo entonces que gracias a los esfuerzos de la señorita Todgers los niños de la escuela habÃan recibido ya sus caretas antigás.
Me puse a explorar la ciudad. Pasé dos dÃas recorriendo uno a uno los viejos lugares, todos los que pude identificar. Y en todo aquel tiempo no me encontré con ningún conocido. Yo era un fantasma, y aunque no fuese efectivamente invisible, me sentÃa como si lo fuese.