Subir a por aire
Subir a por aire La mujer subió por la Calle Mayor y torció por una calle a la derecha, donde estaba en tiempos la tienda del tío Ezequiel. Me puse a seguirla. No sé exactamente por qué; en parte por curiosidad, y en parte por precaución. Al verla, lo primero que había pensado era que por fin me encontraba con una persona conocida de los viejos tiempos de Lower Binfield, pero casi al mismo tiempo se me ocurrió que era igualmente posible que fuese alguien de West Bletchey, en cuyo caso tenía que andarme con cuidado, porque si ella descubría que estaba allí probablemente se lo diría a Hilda. Así que la seguí con cuidado, manteniéndome a una distancia prudente y fijándome en ella tanto como podía. Su figura no tenía nada de especial. Era una mujer alta, más bien gruesa, de unos cuarenta o cincuenta años, que llevaba un vestido negro bastante ajado. No llevaba sombrero, como si sólo hubiese salido un momento de casa, y por su forma de andar se notaba que llevaba los tacones muy gastados. En conjunto, tenía un aspecto arrabalero. Seguía sin reconocer ningún rasgo de su figura, pero persistía la sensación de haberla visto antes. Era la forma de moverse, quizá. Se detuvo junto a una pequeña tienda de dulces y periódicos, de ésas que siempre están abiertas los domingos. Su propietaria estaba de pie en el umbral, arreglando un soporte de postales. Se pusieron a charlar las dos.