Subir a por aire
Subir a por aire La cosa me causó una impresión tan enorme —no el hecho en sà de ver a Elsie, sino el ver en qué se habÃa convertido— que por un momento se borraron de mi vista las cosas que tenÃa delante. Los grifos de bronce, los tapones automáticos y los lavabos de porcelana parecieron esfumarse en la distancia, de modo que los veÃa sin verlos. Por un momento, sentà pánico al pensar que ella podÃa reconocerme. Pero me habÃa mirado de frente y su expresión y actitud no se habÃan alterado. Al cabo de un momento, se despidió de la otra y siguió su camino. Continué siguiéndola. Era peligroso, porque podÃa darse cuenta y ponerse a pensar quién era yo, pero necesitaba volver a mirarla. EjercÃa una especie de fascinación sobre mÃ. Claro que ya la habÃa estado mirando durante un rato, pero entonces lo hacÃa con ojos muy diferentes de los de ahora.