Subir a por aire
Subir a por aire Miré a la derecha. Todo eran casas, casas, casas. Otra vez me pareció estar en un suburbio de la ciudad. Todos los árboles que había antes al otro lado del estanque, que crecían tan juntos que formaban como una especie de jungla tropical, habían sido cortados. Sólo quedaban unos pocos grupos de árboles alrededor de las casas. Éstas eran sofisticadas; formaban otra de esas colonias imitación Tudor, como la que había visto el otro día en la cumbre de la colina de Chamford, sólo que más ridícula todavía. ¡Qué estúpido había sido creyendo que aquellos bosques serían los mismos de antes! Me di cuenta de por qué me había engañado. Del antiguo bosque quedaba sólo un trocito, como dos hectáreas y media, el que yo, por pura casualidad, había atravesado al venir hacia allí. Upper Binfield, que no era más que un nombre en los viejos tiempos, se había convertido en una población de verdad. De hecho, era como un barrio extremo de Lower Binfield.