Subir a por aire

Subir a por aire

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—«Y aquí tenemos otros SOS. El señor Percival Chute, a quien se vio por última vez…».

Pero yo no me detuve a oír más. Seguí caminando como si nada. Lo que me hizo sentir bastante orgulloso de mí mismo al pensarlo después fue que cuando oí aquellas palabras ni un solo músculo de mi cara se alteró. Ni la más mínima pausa en mi andar permitió sospechar a nadie que yo era George Bowling, cuya esposa, Hilda Bowling, estaba gravemente enferma. La mujer del propietario estaba en el salón, y ella sabía que yo me llamaba Bowling, o al menos lo había visto en el registro. Aparte de ella, no había nadie allí, salvo dos hombres que se alojaban en el George y que no me conocían en absoluto. No perdí la cabeza. No le di ningún indicio a nadie. Seguí andando hasta el bar, que acababa de abrir, y pedí una mediana, como de costumbre.

Tenía que reflexionar. Cuando andaba por la mitad de la cerveza, comencé a hacerme cargo de la situación. En primer lugar, Hilda no estaba enferma, ni gravemente ni nada. Cuando yo me fui estaba perfectamente, y no era época de gripe ni nada de este tipo. De modo que estaba fingiendo. ¿Por qué?



👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker