Subir a por aire

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Me tomé otra mediana y las cosas parecieron tomar mejor cara. Desde luego, al llegar a casa me esperaba una bronca, pero con la bronca ya había contado desde siempre. Y pensé que aún tenía tres días por delante. Cosa curiosa, ahora que todo lo que había venido a ver resultaba que no existía, la idea de tomarme unas pequeñas vacaciones me atraía mucho más. Lo principal era estar fuera de casa. Paz, paz y tranquilidad lejos de los seres queridos, como dice la canción. Y súbitamente decidí que me iría con una mujer si tenía ganas. Le estaría bien a Hilda por ser tan mal pensada. Ya que tanto sospechaba, le daría la razón.

A medida que me hacía efecto la segunda mediana, la cosa empezó a parecerme divertida. No me había dejado engañar, pero no por ello el truco dejaba de ser muy ingenioso. Me pregunté cómo se las habría arreglado para mandar el SOS. No tengo idea de los pasos que hay que dar. ¿Hay que presentar un certificado médico o bien simplemente dar el mensaje? Me daba la impresión de que había sido la Wheeler la que le dio la idea. Me parecía que la cosa llevaba su sello. Pero, de cualquier forma, la cosa requería cara dura. ¡A los extremos que llegan las mujeres! A veces no se puede evitar sentir por ellas cierta admiración.



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