Subir a por aire

Subir a por aire

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—Pero, demonios, tengo que encender las luces… Es más de la hora. No querrás que me pongan una multa.

Ante aquel argumento, me dejó ir, y yo salí y encendí las luces, pero cuando volví ella estaba aún allí, de pie, como un fiscal, con las dos cartas, la mía y la de los abogados, en la mesa delante de ella. Yo me había recuperado un poco e hice otro intento.

—Escucha, Hilda. Tú sola te has hecho un lío con este asunto. Puedo explicártelo todo.

—Ya me imagino que puedes explicarme cualquier cosa, George. La cuestión es si yo te creeré.

—¡Es que estás sacando unas conclusiones absurdas! Además, ¿por qué escribiste al hotel?

—Fue idea de la señora Wheeler. Una idea muy buena, como se ha demostrado.

—¿Ah, con que ha sido la señora Wheeler? ¿Así que no has dudado en meter a esa maldita mujer en nuestros asuntos privados?

—No necesitó que la metiese yo. Fue ella misma quien me advirtió lo que pensabas hacer esta semana. Dijo que tenía una corazonada. Y ya ves que tenía razón. Lo sabe todo de ti, George. Su marido era exactamente igual que tú.

—Pero, Hilda…


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker