Subir a por aire
Subir a por aire La salchicha tenía una funda de plástico, naturalmente, y mis dientes provisionales no eran demasiado estables, de modo que hube de efectuar una especie de movimiento de sierra para romper aquella piel. Y entonces, de repente, pop, la cosa se abrió en mi boca como una pera podrida. Una especie de sabor tenue pero horrible se extendió por mi lengua. Por un momento no pude creerlo. Moví la lengua otra vez para averiguar qué era. ¡Era pescado! ¡Una salchicha, una cosa que se decía salchicha de Frankfurt, llena de pescado!
Me puse en pie y salí inmediatamente, sin probar siquiera el café. Sabe Dios cómo sería el café.