Subir a por aire
Subir a por aire Oigo las sirenas de la alarma aérea y los altavoces proclamando que nuestras gloriosas tropas han hecho cien mil prisioneros. Veo una buhardilla de Birmingham donde un niño de cinco años llora y llora pidiendo un trozo de pan. En un momento dado, la madre no puede resistirlo más y le grita: «¡Cállate de una vez, desgraciado!», le levanta la batita y le pega fuerte en el culo, porque no hay pan ni se sabe cuándo lo habrá. Lo veo todo. Veo los letreros por la calle y las colas para el pan, el aceite de castor, las porras de goma y las ametralladoras en las ventanas de los dormitorios.
¿Sucederá todo esto? Nadie lo sabe. Hay días en que es imposible creerlo. Algunas veces, me digo a mí mismo que es sólo una falsa alarma difundida por los periódicos; otras, estoy completamente seguro de que no hay escapatoria.
Cuando llegué cerca de Charing Cross, los chicos voceaban una segunda edición de los periódicos de la tarde. Más estupideces sobre el crimen. «PIERNAS; DECLARACIONES DE UN CONOCIDO CIRUJANO». Otro letrero me llamó la atención: «LA BODA DEL REY ZOG, APLAZADA». ¡El rey Zog! ¡Vaya un nombre! Resulta difícil creer que un individuo con ese nombre no sea un negro de una tribu caníbal.