Subir a por aire
Subir a por aire ¡Antes de la guerra! ¿Durante cuánto tiempo seguiremos usando esta expresión? Pronto habrá que preguntar: ¿De qué guerra? En mi caso, el país de Nunca Jamás en que se piensa al decir «antes de la guerra» podría ser casi antes de la guerra de los bóers. Yo nací en el 93, y me acuerdo del comienzo de esa guerra por la gran discusión que tuvieron mi padre y el tío Ezequiel con ese motivo. Y conservo varios recuerdos que datan de un año antes.
La primera cosa que recuerdo es el olor de la paja de pipirigallo. Al avanzar por el pasadizo de piedra que llevaba de la cocina a la tienda, el olor del pipirigallo se hacía cada vez más intenso. Mi madre había colocado una puerta de madera entre el pasillo y la tienda, para evitar que Joe y yo —Joe era mi hermano mayor— entrásemos en la tienda. Me acuerdo aún de cuando estaba junto a aquella puerta y el olor del pipirigallo se mezclaba con el húmedo olor a yeso del pasillo. Un día, al cabo de unos años, conseguí, no sé cómo, abrir la puerta y entrar en la tienda en un momento en que no había nadie en ella. Un ratón que estaba en uno de los arcones de harina saltó rápidamente al suelo y se escurrió entre mis piernas; estaba todo blanco de harina. Esto debió de ser cuando tenía seis años.