Subir a por aire
Subir a por aire Mi madre, durante el tiempo en que yo la recuerdo, estuvo siempre gruesa. No hay duda de que he heredado de ella la deficiencia pituitaria o lo que sea que le predispone a uno a la obesidad. Era una mujer alta, un poco más que mi padre, con el pelo mucho más rubio que el de él y una preferencia por los vestidos negros. Pero, excepto los domingos, no recuerdo haberla visto nunca sin su delantal. SerÃa exagerado, pero no mucho, decir que no la recuerdo sino cocinando. Cuando se vuelve la vista atrás y se evoca un largo perÃodo de tiempo, siempre se ve a las personas en el mismo lugar y en la misma actitud caracterÃstica. Se tiene la impresión de que estaban siempre haciendo exactamente lo mismo. De la misma manera que siempre que pienso en mi padre le veo detrás del mostrador, con el pelo enharinado, haciendo cuentas con un cabo de lápiz chupado, y de la misma manera que recuerdo a tÃo Ezequiel con sus blanquÃsimas patillas, poniéndose muy derecho y dándose palmadas en el delantal de cuero, cuando pienso en mi madre la veo junto a la mesa de la cocina, con los antebrazos cubiertos de harina, amasando un pedazo de masa.