Subir a por aire
Subir a por aire Joe tenía ocho años cuando entró a formar parte de una banda de pilletes que se llamaba a sí misma la Mano Negra. El jefe era Sid Lovegrove, el hijo menor del talabartero, que tenía unos trece años. Había otros dos hijos de tenderos y dos mozos de granja que conseguían a veces dejar el trabajo e irse con la banda durante unas horas. Aquellos muchachos eran muy fuertes, llevaban pantalones de pana y hablaban un cockney[5] muy cerrado. Los demás les miraban un poco por encima del hombro, pero les aceptaban en su compañía porque sabían de animales más que todos los demás juntos. Uno de ellos, apodado Ginger, era capaz incluso de atrapar un conejo con las manos. Cuando veía uno en la hierba, se le echaba encima como un águila con las alas abiertas. Había una gran diferencia social entre los hijos de los tenderos y los de los jornaleros y peones, pero los chicos menores de dieciséis años, más o menos, no prestaban mucha atención a ella. La banda tenía un santo y seña secreto y tenía establecida una «prueba» de ingreso que consistía en hacerse un corte en un dedo y comerse un gusano. Se jactaban de ser terribles bandidos. Y ciertamente se ponían muy pesados, pues rompían ventanas, perseguían a las vacas, arrancaban los picaportes y robaban quintales de fruta. A veces, en invierno, conseguían que alguien les prestase un par de hurones e iban a cazar ratas, cuando los granjeros les dejaban. Todos tenían hondas y palos para cazar ardillas, y siempre estaban ahorrando para comprarse una pistola de corto alcance, que en aquel tiempo costaba cinco chelines, pero aquellos ahorros nunca ascendían a más de unos tres peniques. En verano, iban a pescar y a coger nidos. Cuando Joe iba a la escuela de la señora Howlett, hacía novillos al menos una vez a la semana, e incluso en la Grammar School se las arreglaba para faltar una vez cada quince días, aproximadamente. Había un chico en la Grammar School, hijo de un subastador, que sabía imitar la letra de la gente, y que por un penique hacía una carta de la madre respectiva en la que ésta explicaba que el muchacho se había encontrado mal. Como es lógico, yo me moría de ganas de ingresar en la Mano Negra, pero Joe siempre se negaba rotundamente, diciendo que no querían críos.