Subir a por aire

Subir a por aire

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Los muchachos tenían anzuelos, sedales y flotadores, y un pedazo de pasta de pan en un trapo. Cortamos ramas finas del sauce que estaba en el ángulo del estanque. La casa estaba sólo a unos doscientos metros, y teníamos que permanecer ocultos, porque al viejo Brewer no le gustaba que viniese gente a pescar allí, a pesar de que a él no le perjudicaba en nada, pues sólo usaba el estanque para abrevar el ganado, pero odiaba a los chicos. Los otros tenían aún celos de mí y me decían constantemente que yo era sólo un crío y no sabía nada de pesca. Decían que hacía tanto ruido que espantaría a todos los peces, pero en realidad hacía mucho menos ruido que cualquiera de ellos. No quisieron que me sentara con ellos, y me mandaron a otro punto de la orilla donde el agua era menos profunda y no había tanta sombra. Decían que un crío como yo se pasaría el rato moviendo el agua y espantaría la pesca. Era un lugar muy malo, donde habitualmente no había peces. Yo lo sabía. Sabía siempre, por una especie de instinto, dónde los había y dónde no. Pero, fuese como fuese, había conseguido por fin ir de pesca. Estaba sentado en la hierba, con la caña entre las manos. A mi alrededor, zumbaban las moscas y flotaba el intenso perfume de la menta silvestre. Miraba el flotador rojo sobre el agua verde, feliz como un rey, con las lágrimas marcadas aún en la cara sucia de polvo.



👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker