Subir a por aire

Subir a por aire

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Sabe Dios cuánto rato estuvimos allí sentados. La mañana avanzaba plácidamente, el sol iba ascendiendo y los peces no picaban. Era un día cálido y sin apenas viento, demasiado claro para la pesca. Los flotadores estaban totalmente inmóviles. Se podía mirar dentro del agua como si ésta fuese un cristal verde oscuro. Hacia el centro del estanque, se veían los peces que tomaban el sol. Alguna vez, un tritón subía hasta las hierbas y descansaba allí un momento con la nariz fuera del agua. Pero los peces no picaban. Los otros chicos gritaban una y otra vez que estaban mordiendo su cebo, pero nunca era verdad. La mañana se alargaba. Hacía cada vez más calor. Las moscas nos comían vivos, y la menta silvestre olía como la tienda de dulces de la señora Wheeler. Yo tenía hambre, tanto más cuanto que no sabía cuándo comería. Pero estaba allí sentado, quieto como un muerto, sin apartar la vista del flotador. Los chicos me habían dado un trozo de cebo del tamaño de una canica, diciéndome que tendría que conformarme con aquello, pero durante largo rato no me atreví siquiera a cambiar el cebo del anzuelo, porque cada vez que movía la caña ellos juraban que hacía ruido suficiente como para espantar a todos los peces en un radio de diez kilómetros.




👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker