Subir a por aire
Subir a por aire Supongo que llevábamos allà unas dos horas cuando, de pronto, mi flotador se movió. Supe que era un pez. DebÃa ser un pez que pasaba por casualidad y vio mi cebo. El movimiento del flotador cuando pican es inconfundible. Es muy diferente de la manera en que se mueve cuando uno menea la caña. Inmediatamente, dio una sacudida y casi se hundió. No pude contenerme más y grité:
—¡Pican!
—¡Una mierda! —replicó Sid Lovegrove.
Pero al cabo de un momento ya no habÃa duda posible. El flotador se hundió. Yo lo veÃa bajo el agua, de un color rojo desvaÃdo, y sentÃa la presión de la caña en las manos. Dios mÃo, qué sensación… El sedal tensándose y agitándose, con un pez en su extremo. Los chicos vieron cómo mi caña se curvaba, y dejaron las suyas para venir a mi lado. Di un tirón terrible y el pez —un enorme pez plateado— salió del agua y voló por los aires. En el mismo momento, todos emitimos un gemido de angustia: el animal se habÃa desprendido del anzuelo y habÃa caÃdo junto a la menta salvaje, inmediatamente debajo de donde yo me encontraba. Pero habÃa caÃdo en un punto donde el agua era muy poco profunda y no podÃa darse la vuelta, y se quedó allà tumbado, quieto e indefenso. Joe se tiró al agua, salpicándonos a todos, y lo cogió con las dos manos.
—¡Ya lo tengo! —gritó.