Amores - Arte de Amar - Sobre la Cosmetica del rostro - Remedios contra el amor
Amores - Arte de Amar - Sobre la Cosmetica del rostro - Remedios contra el amor Si a Memnón lo lloró su madre[67], y la suya a Aquiles[68], y los tristes hados alcanzan también a las grandes diosas, desata tus cabellos y ponlos en desorden, llorosa Elegía. ¡Ah! demasiado fiel a la verdad será tu nombre 5ahora[69]. Aquel poeta que te cultivó, gloria tuya, Tibulo, arde en lo alto de la hoguera, cuerpo sin vida ya. Mira cómo el hijo de Venus[70] lleva la aljaba boca abajo, el arco roto y la antorcha sin luz; fíjate cómo va, digno de 10compasión, abatidas sus alas, y cómo se golpea el pecho descubierto con mano castigadora. Los cabellos esparcidos por el cuello se le humedecen de lágrimas, y su boca deja oír sonidos convulsionados entre sollozos. Así cuentan que en el funeral de su hermano Eneas[71] salió de tu casa, her15moso Julo[72]. Y Venus no está menos compungida por la muerte de Tibulo que cuando un jabalí salvaje hirió en la ingle a su joven amante[73]. Sin embargo, a los poetas se nos llama sagrados y favorecidos por la divinidad; hay incluso quien considera que tenemos algo de divino. Pero la muerte inoportuna profana todo lo sagrado; sobre 20todos lanza ella sus manos tenebrosas. ¿Qué le aprovechó a Orfeo, el del Ísmaro, su padre?[74]. ¿Qué su madre?[75]. ¿Qué el dejar embelesadas a las fieras, hechizadas por su música?[76]. Se cuenta también que en la espesura de los bosques ese mismo padre cantó en honor de Lino[77], su hijo, «¡ay Lino!», al ritmo de una lira que no quería sonar. Añade con éstos al poeta de Meonia[78], de quien, como 25de perenne manantial, surten las aguas Pierias con que riegan sus labios los poetas. A él también el día supremo lo sumergió en las tinieblas del Averno[79]; únicamente los versos escapan de la avarienta hoguera. Permanece, obra 30de los poetas, la leyenda de la guerra de Troya y la tela inacabable destejida por la noche con fin engañoso[80]. Así Némesis tendrá fama duradera, así Delia: una, el desvelo de los últimos días; la otra, su primer amor[81]. ¿De qué os sirven los sacrificios?, ¿para qué os son útiles los sistros[82] egipcios?, ¿para qué dormir aparte en un lecho no 35compartido?[83]. Cuando los crueles hados se llevan a los buenos (perdonad mi confesión), estoy tentado de creer que no existen los dioses. Vive piadoso: morirás a pesar de tu piedad; venera lo sagrado: en medio de tu veneración la rígida muerte te arrastrará del templo al agujero de la tumba. Fíate de tus bien escritos versos: Tibulo, helo aquí, 40yace sin vida y apenas queda de su cuerpo lo que una pequeña urna puede contener. ¿A ti, sagrado poeta, te han arrebatado las llamas de la pira y no han tenido miedo de alimentarse en tu pecho? Habrían podido abrasar los dorados templos de los dioses santos, puesto que cometie45ron un sacrilegio tan horrible. Hacia otra parte vuelve su mirada la dueña de los alcázares del Érix[84]; hay incluso quienes dicen que no ha podido contener las lágrimas. Pero, con todo, mejor es esto que si se lo hubiera enterrado en tierras de Feacia[85], bajo un suelo despreciable, sin que nadie lo conociera. Aquí por lo menos su madre le ha cerrado los ojos húmedos cuando escapaba de la vida y ha 50llevado a sus cenizas las ofrendas supremas. Aquí su hermana, con la cabellera mesada y sin adornos, ha venido a tomar parte en el dolor con su apenada madre. Y con los de los tuyos han juntado sus besos Némesis y tu anterior amada[86], y no han dejado solitaria tu pira. Delia dijo 55al bajar de allí: «Más suerte tuviste cuando a mí me amabas, pues durante el tiempo en que yo fui tu pasión, gozaste de vida.» A lo cual respondió Némesis: «¿Por qué te quejas tú de la que es pérdida mía? Era a mí a quien sujetaba con su mano trémula cuando estaba muriéndose.»